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Jack y Los Frijoles Mágicos

Jack and the Beanstalk in Spanish

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Once upon a time there was a girl named Rapunzel. Rapunzel lived in a tall tower in the forest. The tower had no ladder, no stairs and definitely no elevator. There was no way to get up or down.

Why did Rapunzel live in a tower? Well, it all started with a witch...

Había una vez un jovencito llamado Jack. Vivía con su mamá en una pequeña granja al pie de las Montañas Nubladas. Jack y su mamá eran muy pobres. La única manera de ganar dinero era vendiendo la leche de su vaca, Bess.

Una mañana, la mamá de Jack lo despertó temprano. Todavía estaba oscuro afuera. Ella estaba llorando.
“Jack, ¡despierta! ¡Ve al mercado y vende nuestra vaca, Bess!”
“Pero, ¿por qué?” preguntó Jack, bostezando.

“Necesitamos dinero para arreglar nuestra casa. Hay huecos en el techo. Las ventanas están rotas. Por todos los cielos, no tenemos puerta en la entrada. Ya va a llegar el invierno. Si no arreglamos la casa, el frío nos matará”.

Jack empacó su bolso y buscó a Bess en el establo.
Mientras salía por el portón, escuchó a su mamá gritar: “¡Vale por lo menos cinco monedas de oro! ¡No la vendas por menos!”

Cuando Jack estaba a mitad del camino, se encontró a un viejo.
“¡Buenos días, muchacho!” dijo el viejo. “¿A dónde vas hoy?”
“Buenos días, señor”, dijo Jack. “Voy al mercado a vender a mi vaca. Se llama Bess”.

“Es una vaca muy buena”, dijo el viejo. “¡Te compro a Bess, y te pagaré un buen precio!”
“¿Cuánto pagará por ella? ¡No aceptaré menos de cinco monedas de oro!” dijo Jack.

“No tengo cinco monedas de oro”, susurró el viejo, “pero tengo estos cinco frijoles negros. ¡Estos frijoles son mágicos! ¡Valen más que oro! Si te llevas estos frijoles, serás más rico que el hombre más rico del mundo”.

Jack pensó en su mamá. Pensó que ella sería muy feliz si ellos fueran ricos. Podrían arreglar el techo, las ventanas, y la puerta de la entrada. ¡Tal vez podrían comprar una vaca nueva!
“Está bien”, dijo Jack. “Es un trato. ¡Deme los frijoles!”

Jack estaba muy emocionado. Corrió a casa y le mostró a su mamá los frijoles. Pero en vez de estar feliz, ella estaba furiosa.
“¡Niño tonto! ¡Intercambiaste nuestra única vaca por un puñado de frijoles!” Ella agarró los frijoles y los botó por la ventana. Luego se sentó al costado del fuego y lloró.

Jack estaba devastado. Se encerró en su cuarto. Se sintió muy tonto. Su vaca ya no estaba, y ahora eran más pobres que antes. ¡Qué desastre! ¡Y era su culpa!

La mañana siguiente cuando Jack abrió sus cortinas, vio algo muy extraño. En el mismo lugar donde su mamá había tirado los frijoles, había una gigante y verde planta de frijoles. Iba desde el piso, arriba, arriba, arriba... hasta las nubes.

“¡Los frijoles son mágicos!” susurró Jack. “El viejo estaba diciendo la verdad!”

La mamá de Jack aún estaba dormida, así que Jack decidió escalar la planta de frijoles para encontrar las riquezas de las que el viejo había hablado.
“Solo cinco monedas de oro. Eso es todo lo que necesito para hacer feliz a mi mamá”, pensó Jack.

Jack escaló arriba, arriba, arriba hacia el cielo. Cuando alcanzó la cima, tenía mucha hambre. Vio un castillo a lo lejos.
“Tal vez puedo encontrar algo de comida en ese castillo...” pensó.

Jack caminó hacia la puerta del castillo y tocó dos veces. ¡Toc toc! Una gigante abrió la puerta. Era tan grande como una casa. Pero tenía una sonrisa amable y ojos cariñosos.

“Disculpe, Señora Gigante”, dijo Jack. “¿Me podría dar algo de comer, por favor? ¡Tengo hambre!”
“¡Oh, pobre chico!” dijo la gigante. Podía ver que Jack era muy delgado. “¡Por supuesto! ¡Pasa! ¡Pasa!”

La amable gigante le dio a Jack un poco de estofado de vegetales. Él los estaba disfrutando tanto que no se dio cuenta cuando la mesa de la cocina empezó a temblar.
Pum... Pum... Pum... Fuertes pasos venían del pasillo...

“Oh cielos”,  susurró la gigante.  “¡Es mi esposo! ¡Está de vuelta del trabajo! ¡No le gustan los humanos! ¡Rápido! ¡Escóndete!”
Jack se escondió en la despensa.

El gigante entró dando pisotones a la cocina y olfateó el aire.
“¡FE FI FO FUM! Hola, mi bella esposa... ¡ESPERA! ¿Acaso huelo a humano? ¡AGH! ¿DÓNDE ESTÁ?”

“Buenas noches, mi querido esposo”, respondió la gigante. “No hay nadie aquí. Hueles el estofado de vegetales, nada más”.
“Bien”, gruñó el gigante. “Odio a los humanos”.
Se sentó a la mesa de la cocina.

El gigante sacó un pequeño saco de monedas de oro de su bolsillo y las contó. Una... dos... tres... cuatro... cinco monedas de oro.
Jack miraba desde dentro de la despensa. “¡Cinco monedas de oro!” pensó Jack. “Si tuviera ese dinero, ¡podría arreglar mi casa!”

Cuando los dos gigantes salieron de la habitación, Jack se robó las cinco monedas de oro y las metió en su bolso.
“¡Esto es todo lo que necesito!” pensó Jack.
Pero luego Jack recordó que la vaca de la familia ya no estaba. Sin una vaca, se morirían de hambre. Decidió quedarse y buscar otros tesoros.

Siguió al gigante a la sala y se escondió debajo del mueble. El gigante fue a la alacena y sacó una gallina de oro.
“Hola, mi bella gallina. ¡Pon un huevo, por favor!” dijo el gigante, y la gallina puso un huevo de oro.

Jack vio desde debajo del mueble.
“¡Una gallina que pone huevos de oro!” susurró Jack. “¡Si tuviera esa gallina, podría comprar cincuenta vacas!”

Cuando el gigante salió de la habitación, Jack salió de debajo del mueble. Fue a la alacena, tomó la gallina, y la puso en su bolso.
“Esto es todo lo que necesito...” pensó Jack.

Pero luego Jack pensó en lo que el viejo había prometido. Jack pensó en ser más rico que el hombre más rico del mundo. Decidió ver qué otro tesoro podía encontrar.

Siguió al gigante hacia su cuarto, y se escondió debajo de su cama. Había un arpa dorada apoyada en la esquina de la habitación.
“Hola, mi bella arpa. ¡Toca, por favor!” dijo el gigante. El arpa empezó a tocar música sin que nadie tocara las cuerdas.

“¡Guau! ¡Un arpa mágica!” susurró Jack. “¡Esa arpa me haría rico y famoso!”
Cuando el gigante se quedó dormido, Jack salió de debajo de la cama. Tomó el arpa mágica y la puso en su bolso.

Pero esta vez Jack no fue tan afortunado.
El arpa mágica gritó: “¡Ayuda, amo! ¡Un humano me está robando!”
El gigante se despertó y vio a Jack con el arpa mágica, la gallina de oro, y sus monedas de oro.

"¡DETENTE, LADRÓN!”
El gigante persiguió a Jack, afuera del cuarto, por el pasillo, a través de la cocina, y hasta la puerta de la entrada.

Pero Jack era más pequeño y más rápido que el gigante. Jack alcanzó la planta de frijoles primero y se deslizó hacia abajo, abajo, abajo. Llegó al suelo con todos sus tesoros.

El gigante llegó a la cima de la planta de frijoles y miró hacia abajo. Le tenía miedo a las alturas. Despacio, bajó, bajó, bajó.
“¡TEN CUIDADO, ESPOSO!” le gritó la gigante desde el castillo. “¡LOS HUMANOS PUEDEN SER PELIGROSOS!”

Jack vio al gigante bajar de la planta de frijoles. Así que corrió dentro de su casa y cogió un hacha. Cortó la planta de frijoles. ¡Clac! ¡Clac! ¡Clac!

De pronto, la planta de frijoles se quebró. El gigante se desplomó desde el cielo. Cayó abajo, abajo, abajo y aterrizó muy lejos, al otro lado de las Montañas Nubladas. ¡Plom!

Por un momento todo era silencio. Luego Jack escuchó un sonido extraño a lo lejos... “¡NOOOOOOOOOOOOO!”
Era el gigante. La planta de frijoles se había caído, y ahora no tenía manera de volver a su castillo en las nubes.

El gigante gritó tan fuerte que remeció las nubes y las volvió grises. Entonces en algún lugar en el cielo, Jack escuchó a la Señora Gigante empezar a llorar. Sus lágrimas cayeron por las nubes como pequeñas gotas y empaparon la tierra.

Luego de eso, Jack y su mamá vivieron una vida muy cómoda. La gallina de oro convirtió a Jack en millonario. El arpa mágica lo hizo famoso. Jack se casó con una mujer rica y famosa y juntos tuvieron diez hijos.

Pero Jack nunca fue realmente feliz.
Cada vez que el viento soplaba, Jack oía al gigante llamar a su esposa. Y cada vez que llovía, sentía las lágrimas de la esposa del gigante cayendo sobre él. Jack se sentía triste y culpable.

Un día, cuando Jack era muy viejo, decidió que ya no quería estar triste. Abrió una caja en la repisa de su chimenea y sacó un último frijol mágico marchito.

Si pudiera encontrar al gigante, podría hacer crecer otra planta de frijoles. Entonces el gigante podría subir de nuevo a su castillo en las nubes. Si pudiera encontrar al gigante, también podría disculparse por ser tan codicioso. Jack empacó un bolso y caminó hacia las Montañas Nubladas.

¿Encontró Jack al gigante? ¿Hizo crecer una nueva planta de frijoles con el último frijol mágico? Nadie lo sabe. Pero la gente dice que, si escuchas detenidamente en una tormenta, puedes oír el ruido de dos gigantes bailando juntos en las nubes.

As you know, witches can be very jealous. They particularly hate when people steal (that people are stealing) herbs from their vegetable gardens.

But unfortunately Rapunzel's mother did not know that about witches. Many years ago when she was pregnant with Rapunzel, she sneaked into the yard of her neighbour the witch, and stole a little parsley.

The witch saw her steal the parsley. She gave Rapunzel's mother two choices:

Retold by Aletta and Miranda. Illustrated by Aletta. Translated by Maria. Voiced by Ana. Music by Luke.