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Hansel y Gretel

Hansel and Gretel in Spanish

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Once upon a time there was a girl named Rapunzel. Rapunzel lived in a tall tower in the forest. The tower had no ladder, no stairs and definitely no elevator. There was no way to get up or down.

Why did Rapunzel live in a tower? Well, it all started with a witch...

Hace muchos años, hubo un leñador. Él vivía en lo profundo del bosque con su esposa. Ella era una mujer buena y amable. Tenían dos hijos: Hansel y Gretel.

La familia no tenía mucho dinero, pero su casa siempre estaba calientita y los niños siempre tenían sopa y pan para comer. Nunca pasaban hambre.

Un año, hubo un invierno terriblemente frío y la madre de Hansel y Gretel se enfermó y murió.

Con el tiempo, el leñador se casó con otra mujer, pero ella no era bondadosa ni amable. Era malvada y egoísta. Quería ser rica. Y quería comer alimentos caros como asado de res, puré de papas, arvejas, choclo, tortas de limón y frutas exóticas de soleadas tierras.

Ella estaba enojada de que sólo se pudieran permitir comer sopa y pan para cada comida.
“¡Sopa y pan! ¡Sopa y pan! ¡Todos los días! ¡Sopa y pan! ¡Estoy cansada de la sopa y del pan!” se quejó ella.

La madrastra era muy malvada con Hansel y Gretel, porque creía que ellos eran la razón por la que la familia era tan pobre.

“¡Ustedes, niños, comen demasiado! ¡Ustedes tienen la culpa de que sólo tengamos sopa y pan para comer!”
Ella quería que los niños desaparecieran.

Un día, mientras el leñador estaba fuera cortando leña, la madrastra llamó a Hansel y a Gretel para que viniesen a la cocina de su cabaña.

“No hay suficiente comida para hacer sopa para la cena”, dijo la madrastra. “Todos pasaremos hambre esta noche. Vayan al bosque y recojan setas para hacer una sopa de setas. Yo sé dónde crecen las mejores setas…”

Entonces, les dio las indicaciones más confusas que se le pudieran ocurrir. Ella sabía que ellos nunca serían capaces de encontrar el camino a casa.

“Caminen hacia el norte por dos horas, giren a la izquierda en los árboles altos, caminen hacia el este por veinte minutos, continúen de frente, crucen el arroyo, giren a la derecha hacia la carretera principal...

... pasen a través del agujero en la valla, caminen debajo del puente (estén atentos al trol), y luego, tres millas hacia dentro del bosque, encontrarán setas debajo de un árbol. Váyanse ahora para que puedan estar de vuelta a tiempo para la cena”.

Hansel y Gretel estaban asustados. Ellos sabían que el bosque era profundo y oscuro, y que era fácil perderse.
“¡No te preocupes! ¡Tengo un plan!” le susurró Hansel a Gretel. Él fue a la parte de detrás de la casa y se llenó los bolsillos con piedrecitas blancas del jardín.

Luego, los dos niños empezaron a caminar, siguiendo las indicaciones de su madrastra. Cada pocos pasos, Hansel dejaba caer al suelo una piedrecita blanca.

Ellos caminaron durante horas, pero no encontraron ninguna seta.
“Es casi de noche. Estoy asustada”, dijo Gretel llorando.
“No te preocupes. ¡Yo puedo encontrar el camino a casa!” dijo Hansel.

Hansel esperó hasta que la luna estuvo brillante. La luz de la luna se reflejaba a través de los árboles altos y hacía brillar sus diminutas piedrecitas blancas. Ellos siguieron el rastro de las piedrecitas todo el camino de vuelta a casa.

Su madrastra estaba furiosa. Ella no esperaba que los niños hallasen el camino a casa. “¡Tontitos! ¿Dónde están las setas?” gritó la madrastra.
“¡Ahora no tenemos nada que comer! ¡No cenarán esta noche! ¡Váyanse directamente a la cama!”
Los niños se fueron a la cama con hambre.

A la mañana siguiente, después de que el leñador se fuera al trabajo, la madrastra despertó a los niños.

“¡Despierten! ¡Despierten tontitos! Hoy es el cumpleaños de su padre. Quiero hacerle una tarta de manzana para su cena de cumpleaños. Vayan al bosque y recojan algunas manzanas. Esta vez iré yo también. Yo sé dónde podemos encontrar un manzano grande”.

Ella les dio una hogaza de pan para su almuerzo y luego, les apuró a salir de la casa. Hansel no tuvo tiempo de recoger piedrecitas.

Pero el inteligente Hansel tenía un plan. Él no se comió su pan para el almuerzo. En vez de eso, lo partió en pequeñas migajas. Cada pocos pasos, él dejaba caer una migaja para marcar el sendero.

Ellos siguieron a su madrastra por el camino, doblando una esquina y a través del bosque. “¡Más allá! ¡Más allá!” dijo la madrastra.
Ellos se adentraron en el bosque. Giraron a la izquierda. Giraron a la derecha. “¡Más allá! ¡Más allá!” dijo la madrastra.

Finalmente, se detuvieron, y la madrastra se sentó a descansar. Ella señaló a una parte muy oscura del bosque. “¡El manzano está por allá!”

Los niños se adentraron más en el bosque, pero no vieron el manzano.
“¿Dónde?” gritaron ellos.
“¡Sólo un poco más allá!” gritó la madrastra.

Hansel y Gretel se adentraron cada vez más profundo en el bosque, pero aún no veían el manzano.
“¿Dónde?” gritaron ellos por segunda vez.
“¡Tan sólo un poco más allá!” respondió la madrastra. Su voz se oía muy débil ahora.

Hansel y Gretel caminaron y caminaron, más y más profundo. Ningún manzano.
“¿Dónde?” gritaron por tercera vez.
Pero no hubo respuesta de su madrastra. Ella se había ido.

“¡Oh, no! ¡Estamos perdidos!” dijo Gretel llorando.
“No te preocupes, tengo un plan” dijo Hansel.
Él se dio la vuelta para hallar las migajas, ¡pero habían desaparecido!
¡Los hambrientos pájaros se habían robado todos los pedazos de pan!

“Estoy asustada”, dijo Gretel llorando. “¡Y tengo frío y hambre y quiero irme a casa!”
“No te preocupes. Todo va a estar bien”, dijo Hansel tratando de hacerse el valiente. Pero él estaba asustado también.

Aquella noche, los niños durmieron en unos matorrales blandos para mantenerse calientes.

Cuando despertaron, el sol estaba brillando, los pájaros estaban cantando, y había un olor dulce y delicioso en el aire.
“Tengo mucha hambre”, dijo Gretel. “Creo que huelo a galletas...”
“¡Mira!” dijo Hansel, señalando. “¡Una casa!”

Era la casa más extraña que ellos habían visto alguna vez. Las paredes parecían galletas de limón amarillo. Las ventanas parecía que las habían hecho de chocolate. El tejado parecía que lo habían hecho de caramelos verdes y rojos.

Hansel se estaba muriendo de hambre. Así que corrió hacia la casa y rompió un pedazo de pared. “¡Esto sabe a galleta de limón!” dijo sorprendido.

Gretel agarró un pedazo de una ventana y se lo metió en la boca. “¡Esto es chocolate!”
Los niños no podían dejar de comer.
“Nos quedaremos aquí para siempre”, declaró Hansel, masticando el porche de tarta de manzana.

Ellos estaban a punto de probar un pedazo de la puerta de caramelo morado cuando se abrió de golpe silenciosamente.

“¡Hola!” dijo una anciana desde detrás de la puerta. “¿A ustedes les gustan los dulces?  ¡Tengo más dentro de la casa! ¡Entren! ¡Entren! ¡No tengan miedo!”

La anciana parecía bondadosa y amistosa, así que los dos niños entraron.
¡Oh, no! ¡Mala idea! La anciana no era bondadosa y amistosa en absoluto. ¡Ella era una bruja mala!

Tan pronto estuvieron dentro Hansel y Gretel, ella cerró de golpe la puerta y le echó llave. Los niños estaban atrapados.

La bruja agarró a Hansel por la muñeca. “¡Tú estás demasiado delgado!” dijo ella. “¡Debo engordarte antes de comerte!” Entonces, ella arrojó a Hansel a una jaula y le cerró la puerta con llave.

Ella se volteó hacia Gretel. “Niña tonta. Tú harás las tareas domésticas, ¡luego te comeré a ti también!”

Hansel empezó a llorar. “¡Por favor, no me coma!” suplicó él. Pero Gretel permaneció calmada.
“No te preocupes. ¡Ahora yo tengo un plan!”, susurró Gretel

Entonces Gretel se fue a hurtadillas a donde estaba su hermano y le dio una ramita.
“Mañana por la mañana, la bruja verá si estás lo bastante gordo para comerte. Cuando ella venga, dale esta ramita en lugar de tu dedo”, le ordenó

Efectivamente, por la mañana, la bruja se fue cojeando hacia Hansel y gruñó: “Saca tu dedo a través de la jaula. ¡Quiero ver si estás lo bastante gordo para comerte!”

Hansel extendió la ramita.
“¡Aún estás demasiado delgado!”, se quejó ella. “Ven aquí, niña tonta, y dale a tu hermano más dulces para que coma”.

Esto continuó por una semana entera. Cada día, la bruja comprobaba para ver si Hansel estaba lo bastante gordo. Cada día Hansel extendía la ramita.

Finalmente, la bruja se cansó de esperar. El octavo día, ella llamó a Gretel: “¡Ven acá, niña tonta! Enciende el horno. Hoy voy a comer niño asado con zanahorias y salsa de carne. ¡Comprueba que el horno está lo bastante caliente para asar a tu hermano!”

Pero la inteligente y pequeña Gretel tenía otro plan. Ella empezó a llorar. “Pero soy demasiado estúpida. ¿Cómo sé si el horno está lo bastante caliente? ¿Me puede mostrar?”, preguntó ella.

La bruja murmuró y refunfuñó: “¡Niña inútil! Comprobaré el horno yo misma”.

La bruja se inclinó para mirar las llamas de color naranja brillante, y rápidamente, Gretel la empujó dentro del horno y cerró la puerta de un golpe. ¡POM!
Ese fue el fin de la bruja.

Gretel abrió la jaula de Hansel. Los niños hallaron una cesta y la llenaron con tortas y galletas, pasteles y caramelos. Luego, se fueron corriendo tan rápido como pudieron.

Ellos corrieron toda la noche. Corrieron a través del bosque. Corrieron por debajo del puente. Se deslizaron a través de un agujero en la valla. Voltearon a la izquierda. Voltearon a la derecha. Izquierda. Derecha. Izquierda. Derecha. Finalmente, oyeron el sonido de alguien cortando madera a la distancia.

¡Era el leñador! Los niños corrieron hacia su padre y le abrazaron y le besaron. Él lloraba y lloraba. Pero en realidad él estaba muy feliz.
“¡Mis dulces, dulces niños! ¿Dónde estaban?”

Hansel y Gretel contaron al leñador la historia completa. Cuando él oyó que su madrastra les había abandonado en el bosque, estaba furioso. Él ordenó a la madrastra que abandonara la casa inmediatamente y que no regresara nunca.

Esa noche, Hansel y Gretel y su padre tuvieron una fiesta de cumpleaños retrasada. Comieron todos los dulces de la cesta: tarta de cereza, pastel de chocolate, caramelos verdes y rojos, chupetines azules y galletas de jengibre.

Más tarde ese año, Hansel y Gretel estaban visitando la panadería del pueblo cuando vieron a una anciana pidiendo monedas. ¡Era su madrastra!
“¡Niños! ¡Por favor, ayúdenme! ¡Me muero de hambre!”, suplicó ella.

Gretel pensó por un momento. Ella entró en la panadería y compró una pequeña hogaza de pan y un pequeño tazón de sopa.
“Aquí tiene”, dijo Gretel. “Sopa y pan. Su comida favorita.”
Hansel y Gretel no volvieron a ver a su madrastra nunca más.

As you know, witches can be very jealous. They particularly hate when people steal (that people are stealing) herbs from their vegetable gardens.

But unfortunately Rapunzel's mother did not know that about witches. Many years ago when she was pregnant with Rapunzel, she sneaked into the yard of her neighbour the witch, and stole a little parsley.

The witch saw her steal the parsley. She gave Rapunzel's mother two choices:

Retold by Aletta and Miranda. Illustrated by Aletta. Translated by Maria. Voiced by Ana. Music by Luke.