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Once upon a time there was a girl named Rapunzel. Rapunzel lived in a tall tower in the forest. The tower had no ladder, no stairs and definitely no elevator. There was no way to get up or down.

Why did Rapunzel live in a tower? Well, it all started with a witch...

Había una vez un rey y una reina que vivían en un reino muy lejano. El rey era bello y amable. Pero quien realmente ponía las reglas en el reino era su esposa: la reina.

Antes de convertirse en reina, trabajaba en la cocina del castillo. Era muy pobre, pero también muy hermosa y divertida, y muy buena jugando al Scrabble. Así que el rey se enamoró de ella y le propuso matrimonio.

El rey quería mucho a la reina. Pero la reina siempre tenía miedo de que el rey conociera a alguien más hermosa que ella.

Afortunadamente, la reina tenía un espejo mágico. El espejo veía y sabía todo.

Todos los días, la reina se miraba en el espejo y preguntaba:
“Espejo mágico, dime una cosa, ¿quién es en este reino la más hermosa?”

Y el espejo respondía:
“Reina, de todo el reino usted es la más hermosa.”
La reina estaba feliz.

Pero un día todo cambió. La reina se paró frente al espejo y preguntó como siempre:
“Espejo mágico, dime una cosa, ¿quién es en este reino la más hermosa?”

Y el espejo contestó:
“Usted es muy hermosa, mi reina. Pero Blancanieves es la más hermosa del reino.”
La reina no podía creerlo.
“¿Quién es Blancanieves?” le preguntó al espejo.

“Blancanieves trabaja en la cocina del castillo. Su pelo es negro como la noche, sus labios rojos como las rosas, y su piel blanca como la nieve. Desde las ocho de la mañana de hoy es un pelín más hermosa que usted.”

“¡ARRRGGHH!” gritó la reina. Golpeó el suelo con los pies. Se tiró del pelo. Después se sentó y se puso a llorar.
“¡Perderé todo!”,
pensó.

La reina tenía miedo. El miedo enfrió y endureció el corazón de la reina. La reina llamó a un cazador de confianza a su habitación.

“Encuentra a esa Blancanieves”, le ordenó. “Llévala muy pero muy lejos. Llévala a lo más profundo del bosque.”
Y entonces la reina miró fijamente a los ojos del cazador.
“No deberá regresar jamás”.

El cazador encontró a Blancanieves y la llevó al bosque. Cuando llegaron a lo más profundo y oscuro del bosque, el cazador se detuvo.
“¡Vete!” susurró. “Corre rápido y lejos y no se te ocurra regresar”.

Blancanieves observó al cazador desaparecer.
“Bueno, no puedo ir a casa ahora”, dijo Blancanieves. Miró alrededor del bosque oscuro y silencioso. Empezó a llover.
“Pero tampoco puedo quedarme aquí. En marcha”.

Blancanieves corrió y corrió. Cruzó un arroyo, subió una colina y bajó hasta un valle oscuro. Blancanieves corrió toda la mañana.

Al mediodía, su piel pálida y sus mejillas rosadas estaban cubiertas de lodo y raspones. Al comienzo de la tarde, su largo y negro cabello estaba lleno de ramitas y hojas.

En la noche, Blancanieves ya no era hermosa. Estaba cansada, hambrienta y temblaba de frío. Pero entonces Blancanieves olió a leña quemada. Siguió el olor y encontró una cabaña en el bosque.

Blancanieves notó un brillo dorado a través de las ventanas y tocó la puerta.
“¿Hola?” llamó. “¿Hay alguien en casa?”
Nadie respondió. Blancanieves empujó la puerta y entró.

En el interior de la cabaña había siete camas y siete sillas pequeñas, un fuego crepitante y una mesa grande llena de platos sucios.

Blancanieves estaba hambrienta y sedienta. Encontró pan y se comió toda la barra. Encontró leche y se tomó toda la botella. Después se sentó delante del fuego para calentarse. Y así se quedó dormida.

Cuando despertó, había siete enanitos parados a su alrededor.
Blancanieves se frotó los ojos.
“¿Quiénes son ustedes?” preguntó.

“¡Esta es nuestra casa!” dijo un enanito con enfado. “¿Quién eres tú?”
“Shhh, ¡la asustarás!”
dijo otro enanito.
“Es una gigante. ¡Ella me asusta a mí!” dijo otro.

“¿Puedo quedarme con ustedes?" pregunto Blancaneves. "No puedo ir a casa.”
Los enanitos susurraron entre ellos.
“Está bien”,
aceptaron. “Pero solo si nos ayudas a lavar los platos. Odiamos lavar los platos”.
“Trato hecho”
dijo Blancanieves.

Y entonces, Blancanieves encontró un nuevo hogar con los siete enanitos.
Cada mañana, Blancanieves lavaba los platos. Y cada mañana, cuando los enanitos se iban a trabajar, decían:

“Ten cuidado. No le abras la puerta a nadie. Y gracias por lavar los platos. La verdad es que odiamos lavar los platos”.

En el castillo, la reina se sentía mejor. Pensaba que Blancanieves había desaparecido para siempre. Pero todavía tenía un poco de miedo.

“¡Ven a jugar al Scrabble conmigo, mi amor!” gritó el rey desde el pie de las escaleras. “¡Puedes comenzar tú!”.

“Quizás más tarde, querido”, respondió la reina, y se puso delante del espejo mágico.
“Espejo mágico, dime una cosa, ¿quién es de este reino la más hermosa?”.

Y el espejo respondió: “Usted es muy hermosa, mi reina. Pero Blancanieves es la más hermosa del reino”.
“¿Blancanieves está VIVA?” gritó la reina.

“Está viviendo con siete enanitos en el bosque” dijo el espejo. “Ayer a la noche no era tan hermosa. Pero hoy, a partir de la una de la tarde, se volvió más hermosa que usted”.

“¡MALDITA SEA!” gritó la reina. Fue hasta el armario y sacó su viejo abrigo y sus botas.
“¡Tendré que matarla yo misma!”

La reina salió corriendo del palacio, se subió a su carruaje más veloz y se fue rápidamente hacia el bosque.

Blancanieves leía junto al fuego cuando alguien tocó la puerta.
TOC TOC!

Blancanieves espió por la ventana y vio a una mujer con un cesto de frutas. La mujer tenía un rostro hermoso, pero llevaba puesto un vestido y unas botas viejos.

“¡Fruta! ¡Fruta fresca! ¡Manzanas y bananas y peras y naranjas!”
“Oh, quisiera un poco de fruta…”
pensó Blancanieves. (Claro, los enanitos no tenían frutas en la casa. Sólo había papas, zanahorias y rabanitos).

La mujer vio a Blancanieves a través de la ventana.
“¡Hola, querida!”
dijo la mujer. “¿Quieres un poco de fruta? Tengo unas manzanas deliciosas hoy”.

“Me encantan las manzanas” dijo Blancanieves. “Pero se supone que no debo abrirle la puerta a nadie... esas manzanas podrían estar envenenadas.”

“Ay, qué tonta” dijo la mujer, y cortó una manzana por la mitad. “Aquí tienes. Puedes probar la mitad, y yo me comeré la otra mitad. Así verás que NO está envenenada.”

Blancanieves abrió la puerta.
La mujer le dio la mitad de la manzana y se comió la otra mitad.

Cuando Blancanieves vio a la mujer comiendo la manzana jugosa, se le hizo agua la boca. No pudo resistirse y le dio un buen mordisco a su mitad.

Casi inmediatamente, Blancanieves cayó al suelo. La manzana estaba envenenada, ¡pero solo una mitad!
La reina suspiró aliviada. Rápidamente volvió al carruaje y manejó de regreso al castillo.

Cuando los enanitos llegaron a la cabaña, encontraron a Blancanieves tendida en el suelo. Le gritaron en las orejas. Pellizcaron sus pies. Echaron agua fría en su rostro. Pero Blancanieves no despertó.

“¿Está muerta?” preguntó un enanito.
“No parece estar viva…”
dijo otro enanito.

Y entonces, los enanitos hicieron un hermoso ataúd de cristal para su querida amiga. Lo pusieron sobre una mesa en un lugar hermoso del bosque, rodeado de flores.

Blancanieves yació ahí por más de un año: durante la primavera, el verano, el otoño y el invierno.

Un día, un príncipe de otro reino estaba caminando por el bosque con su perro cuando encontró el extraño ataúd de cristal cubierto de hojas. Las sacudió y encontró a Blancanieves dentro.

Justo en ese momento, tropezó con su perro y tiró sin querer el ataúd de la mesa. Blancanieves rodó por la hierba.
“Ay, ¡no! ¡Maldición! ¡Santo cielo!” gritó el príncipe.

Pero entonces algo increíble ocurrió.
El pedazo de manzana envenenada, que Blancanieves tenía atorado en la garganta, salió disparado de su boca.

Blancanieves empezó a toser y el príncipe se apresuró a ayudarla.
“Manzanas”
dijo Blancanieves.
“¿Perdón?”
dijo el príncipe.
“No...más...manzanas!”

Esa noche, la reina se puso frente al espejo e hizo su pregunta.
“Espejo mágico, dime una cosa. ¿Quién es de este reino la más hermosa?”

Y para su sorpresa, el espejo dijo:
“Usted es muy hermosa, mi reina. Pero Blancanieves es otra vez la mujer más hermosa del reino”.

“¿QUÉEEEEEEEEE?” gritó la reina. Y en su furia, agarró un zapato y lo lanzó al espejo.
El espejo se hizo trizas, y la magia que había dentro se liberó.

“¡NOOOOOOOOOOO!” gritó la reina. Y luego, como Blancanieves, se derrumbó  en el suelo y cayó en un profundo sueño.

Mientras dormía, la reina tuvo un sueño extraño. Estaba bailando en zapatos de hierro caliente. Sus pies se quemaban cada vez más, pero ella no podía parar de bailar.

Cuando la reina despertó de este sueño terrible, era de día. El sol brillaba, y la reina se sentía...diferente. El hechizo del espejo mágico se había roto, así que la reina ya no se sentía preocupada ni celosa. Se sentía libre.

La reina bajó las escaleras para buscar a su marido. Tenía muchas ganas de jugar al Scrabble.

¿Y qué pasó con Blancanieves?

Los enanitos estaban felices porque su amiga estaba viva. Invitaron al príncipe a cenar. Cuando el príncipe se enteró de que a nadie le gustaba lavar los platos, compró un lavavajillas.
Todos vivieron felices para siempre.


As you know, witches can be very jealous. They particularly hate when people steal (that people are stealing) herbs from their vegetable gardens.

But unfortunately Rapunzel's mother did not know that about witches. Many years ago when she was pregnant with Rapunzel, she sneaked into the yard of her neighbour the witch, and stole a little parsley.

The witch saw her steal the parsley. She gave Rapunzel's mother two choices:

Retold by Aletta with co-conspirators Bex and Miranda. Illustrated and animated by Aletta. Voiced by Ana. Translated by Luciana and Maria. Music by Luke.